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La economía argentina llega al cierre de los tres primeros años de la gestión de Javier Milei con desempeños muy diferentes entre sus sectores: mientras la producción petrolera alcanzó en julio un récord cercano a los 914.000 barriles diarios, con Vaca Muerta explicando el 70% del total, la industria textil acumuló la pérdida de unos 27.000 puestos de trabajo registrados desde diciembre de 2023. En paralelo, la construcción atraviesa niveles históricamente bajos, aunque referentes del sector anticipan que podría convertirse en uno de los motores de actividad durante 2027, impulsada por la demanda de infraestructura y un mayor acceso al financiamiento.
Los contrastes reflejan una economía que no avanza de manera homogénea. Algunas actividades vinculadas con los recursos energéticos lograron ampliar su producción y su capacidad exportadora, mientras sectores industriales orientados al mercado interno continúan enfrentando dificultades. La construcción, por su parte, combina una fuerte contracción actual con expectativas de una recuperación asociada a nuevas obras de infraestructura y al financiamiento privado.
El crecimiento de la producción petrolera constituye uno de los principales cambios registrados durante los últimos años. En julio, la extracción alcanzó los 914.000 barriles diarios, un récord para el país, mientras que durante el primer semestre acumuló una expansión interanual del 17,2%.

La participación del petróleo no convencional también adquirió una dimensión determinante: aproximadamente el 70% de la producción corresponde actualmente a este tipo de explotación, con Vaca Muerta como principal protagonista. “Durante años, la discusión energética argentina giró en torno al abastecimiento invernal, las importaciones de gas y gasoil y su impacto sobre las divisas", explicó Mariángel Ghilardi, responsable de análisis sectorial de la consultora Abeceb. La especialista describió el cambio producido por el desarrollo de los recursos no convencionales: “La maduración de Vaca Muerta corrió ese eje de manera gradual, primero sustituyendo importaciones y luego generando saldos exportables”. La expansión, sin embargo, no se distribuye de manera uniforme entre las distintas cuencas. “La expansión se concentra en el shale neuquino, mientras las cuencas convencionales continúan declinando”, agregó Ghilardi.
La evolución de la producción también comenzó a modificar la composición de las exportaciones argentinas. Para la especialista, el petróleo “se convirtió en el principal producto individual de exportación del país”. En esa línea, señaló que las ventas de combustibles y energía crecieron principalmente como consecuencia de mayores volúmenes y advirtió que el desafío próximo estará relacionado con la capacidad para trasladar al exterior la producción adicional. “Con la producción en expansión, la principal restricción se desplaza hacia la capacidad de evacuación y exportación. La entrada en operación de nueva infraestructura condicionará cuánto de esa producción podrá volcarse a los mercados externos y permitiría acercar el superávit energético a 13.000 millones de dólares en 2027”, afirmó Ghilardi.
La industria textil acumula pérdidas de empleo
En el extremo opuesto aparece la industria textil-confección. Según información aportada por la Federación de Industrias Textiles (FITA), el sector perdió alrededor de 27.000 puestos de trabajo registrados entre diciembre de 2023 y mayo de 2026.
“Entre diciembre de 2023 y mayo de 2026, las estadísticas oficiales muestran que el sector textil-confección perdió alrededor de 27 mil puestos de trabajo registrados. Al desagregar por actividad, fue el segmento textil, más que el de indumentaria, el que concentró las mayores caídas”, señalaron fuentes de la entidad que preside Luis Tendlarz.

El deterioro no quedó circunscripto al empleo. El informe de actividad de la Unión Industrial Argentina (UIA) indicó que la producción de prendas de vestir, cuero y calzado registró durante el primer semestre una caída interanual del 14%, manteniéndose entre las actividades con peor desempeño dentro del entramado industrial.
La contracción textil se inscribe en un escenario industrial más amplio. De acuerdo con el Centro de Estudios de la UIA, la actividad manufacturera acumuló durante los primeros siete meses de 2026 una baja del 2% frente al mismo período de 2025 y permanece 10% por debajo de los niveles registrados en 2022 y 2023.
El comportamiento del sector textil también plantea interrogantes sobre su evolución durante el próximo año. Desde FITA evitaron formular una proyección precisa, aunque señalaron cuáles son los factores que consideran determinantes para el nivel de actividad y el empleo. “En el contexto actual, resulta difícil elaborar una proyección certera sobre lo que vaya a suceder. No obstante, esperamos que la agenda del Estado nacional continúe considerando los factores que hoy condicionan el empleo y el nivel de actividad”, afirmaron desde la entidad. Entre esos factores mencionaron la estructura tributaria, el costo de la energía y las prácticas comerciales.
“Por ejemplo, cuestiones como la carga impositiva, el costo energético y las prácticas comerciales desleales requieren una evaluación sostenida y orientada a alcanzar soluciones efectivas que permitan compatibilizar los objetivos fiscales con la recuperación del sector”, agregaron.
Según FITA, una eventual mejora de esas condiciones podría modificar el panorama hacia 2027: “En la medida en que ello se concrete, el 2027 podría constituir un período donde la probabilidad de mejora de los indicadores sectoriales aumente. De lo contrario, la tendencia observada durante 2026 podría sostenerse o incluso profundizarse”.
La construcción, entre el piso actual y las expectativas para 2027
La construcción presenta otro de los contrastes de la economía. Los principales indicadores muestran una actividad deprimida, pero especialistas del sector observan una demanda potencial vinculada con la infraestructura que podría traducirse en una recuperación durante el próximo año.

Según los datos del Centro de Estudios de la UIA, los despachos de cemento acumularon una caída interanual del 3% durante los primeros siete meses de 2026. Si la comparación se realiza con igual período de 2022, el retroceso alcanza el 24,9%.
Una evolución similar se observa en los insumos para la construcción. El Índice Construya registró una disminución de apenas 0,6% interanual entre enero y julio, pero acumuló una caída del 30,2% frente a las ventas correspondientes a 2022.
Para Dante Sica, exministro de Industria y fundador de Abeceb (foto inferior), la construcción podría ubicarse entre los sectores de mayor expansión en el futuro inmediato. “Para mí la construcción va a ser un gran ganador de este modelo, es un ganador retrasado”, afirmó Sica. “Argentina está crujiendo por la falta de infraestructura”.
El exfuncionario vinculó esa posibilidad con la demanda de obras que comenzó a generarse alrededor de actividades como la minería y la energía. “Las mineras están saliendo a contratar caminos, están saliendo a contratar redes eléctricas que en los últimos 20 años no crecieron. Hay una demanda, hay una necesidad de expansión que recién va a poder ser cubierta a partir de las licitaciones del Gobierno para los corredores viales”, explicó. Y agregó: “Todo lo que es construcción de infraestructura va a volar: se necesita en Bahía Blanca, en San Juan, para sacar un caño para llevar gas a Brasil, para llevar gas al Norte. Va a haber un movimiento muy fuerte”.
El escenario de la construcción también está condicionado por la disponibilidad de crédito. Para el segmento privado, el Gobierno anunció un mecanismo de financiamiento basado en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSeS.
El programa contempla licitaciones por un total de $2 billones destinadas a los bancos, con el objetivo de extender los plazos de los depósitos y condicionar esos recursos a la generación de créditos hipotecarios de hasta 30 años, con una tasa máxima para vivienda. La primera licitación contempla $200.000 millones.

Sica consideró que el principal problema actual de la construcción privada no está necesariamente relacionado con el valor de las propiedades, sino con la posibilidad de acceder a financiamiento. “Para la construcción privada no hay una discusión sobre los precios, porque el comprador que hay ahora es el comprador genuino que avala el precio y lo que necesita es financiamiento”, sostuvo.
El consultor también describió el cambio registrado en el funcionamiento del mercado inmobiliario respecto de años anteriores y explicó el papel que cumplía la compra de propiedades como mecanismo de preservación del valor. “Veníamos acostumbrados a un mercado inmobiliario que funcionaba como reserva de valor, con gente que construía a 600 dólares "blue" el metro cuadrado gracias a la brecha cambiaria y vendían a 2.500 dólares. Y el que les compraba no era para irse a vivir, era alguien que tenía renta agropecuaria o de otro sector que buscaba preservar el valor de su renta”, señaló.
Los datos sectoriales muestran una actividad económica con comportamientos divergentes. El petróleo amplía producción y capacidad exportadora; la industria textil reduce empleo y actividad; y la construcción parte desde niveles muy bajos, pero concentra expectativas vinculadas con una eventual expansión de la infraestructura.
El contraste se produce además en un contexto de menor ritmo de crecimiento agregado. El Producto Bruto Interno (PBI), que había registrado una expansión superior al 6% interanual hasta el primer semestre de 2025, desaceleró su crecimiento hasta el 1,5% interanual durante el segundo trimestre de 2026. La inversión también permanece en niveles inferiores a los registrados en otras economías de la región: ronda el 16% del PBI, frente al 20% de Brasil y el 26% de Chile.
En ese escenario, las perspectivas para 2027 aparecen estrechamente vinculadas con la capacidad de cada sector para aprovechar las nuevas condiciones económicas. Para el petróleo, el desafío pasa por ampliar la infraestructura necesaria para evacuar y exportar una producción creciente. Para los textiles, el foco está puesto en las condiciones de competitividad, los costos y el empleo. Para la construcción, la expectativa se concentra en la combinación entre obra de infraestructura y crédito privado.
Las tres dinámicas configuran un escenario de contrastes dentro de la economía argentina: mientras Vaca Muerta consolida su peso como fuente de producción y generación de divisas, la industria textil enfrenta una reducción sostenida de actividad y empleo, y la construcción busca dejar atrás uno de sus niveles más bajos apoyada en una demanda de infraestructura que podría adquirir mayor dimensión durante 2027.